lunes, 9 de junio de 2008

Me ocurrió en un DC-8.



El DC-8, era un avión considerado como el mejor de su época, pero que carecía para la tripulación auxiliar de las comodidades de los aviones modernos. Así, las bandejas de comidas iban en unos armarios contenedores, los cuales iban embutidos en unos "nichos" de doble profundidad. Para dar un 2º servicio de comidas, había que sacar a fuerza de brazos (no tenían ruedas) los contenedores del fondo y meter los usados en su lugar. La pesadilla del auxiliar encargado de la cocina, era perder uno y tener que mover todos para encontrarlo.

En un viaje de regreso a Madrid viniendo de Buenos Aires, se empezó a despertar el pasaje y los auxiliares estábamos preparando el desayuno caliente que íbamos a dar en menos de media hora, cuando me llamó un señor muy apurado y en voz muy baja me pidió que le trajera "su" bandeja de la cena. Pensando que no había cenado y tenía apetito, le expliqué que en unos minutos le íbamos a dar un desayuno. Él, bastante azorado, insistió que lo que quería era "su" bandeja, la que había usado la noche anterior. traté de hacerle ver que eso no era posible y entonces se levantó de su asiento y cogiéndome del brazo (educadamente) me llevó donde no le pudieran oír los pasajeros de las butacas vecinas. Entonces me contó que después de terminar su cena, se había quitado la dentadura postiza que era nueva y le hacía daño, la había tapado con una servilleta y al quedarse dormido, le habíamos retirado la bandeja, no dándose cuenta de ello hasta en instante en que se despertó.
Naturalmente, hubo que parar lo que estábamos haciendo y buscar bandeja a bandeja (más de 150, repartidas en veintitantos armarios) hasta que encontramos la dentadura, siendo recompensados (un poco después) con la sonrisa agradecida de nuestro pasajero.

Pedro.M.B.

8 comentarios:

Aguijón dijo...

Pedro,
Me has recordado lo que me pasó en casa de mis suegros el año de la Olimpiada. En el 92.
Vino a pasar unos días un gran amigo de mi suegro con su hijo. El hijo tenía unos aparatos para su dentadura, caros de narices...

En un momento dado, que diría Croiff (o como se escriba...) entro en el baño y encuentro un revoltijo de papel higiénico que, después de hacer lo que uno hace en el baño, lo tiré ...
Era por la noche... y cuando a la mañana siguiente me preguntaron si había visto unos aparatos... yo no los había visto hasta que hice memoria y recordé haber tirado un papel higiénico...
Un desastre, no se puede ser limpio, mejor dejar todo tirado, creo.

Saludos,

Dispersa dijo...

Así perdió mi hijo su aparato de los dientes, lo dejó envuelto en una servilleta de papel en un area de servicio en el que paramos a desayunar en un viaje y se dió cuenta... 600 Kms después. En fin: mal de muchos... epidemia.
Un besuco.

cibercuoca dijo...

Pedro, bonito trabajo extra te habrá tocado, qué hábito tan feo eso de andar sacandose los dientes como si fueran zapatos.

Terly dijo...

Menos mal, Pedro, que era la dentadura postiza, si llegan a ser los ojos postizos de cristal y no los encontrais, ìCòmo se las hubiese arreglado para ver la Peli?

Shikilla dijo...

Debes tener un montón de anécdotas tan divertidas como esta, no es el primer caso que he oído de perder la dentadura. Un momento de agobio para el que la pierde y para el que la encuentra y tiene que llevársela, no creo que haya un modo protocolario que sea el adecuado de dar los dientes a quien los ha perdido. Lo hagas como lo hagas, es un cortazo!

Bea dijo...

Jajajaja.....muy bueno,,,, creo que yo también voy a empezar a contar las anécdotas de la vida en el hotel... porque son buenísimas!!!! Un beso Pedro

Kako dijo...

Pedro, mucho gusto. Te he descubierto a través del reportaje de Adi sobre tu cumpleaños.
Sé que estas de vacaciones y probablemente ni veas este mensaje.
De cualquier modo vengo a decirte que me ha encantado tu blog y estoy super entretenida leyendo tus aventuras...a ver si encuentro una en donde mi marido casi deja de existir..luego que el Iberia casi se estrellara...habrás estado tu ahí?

Un abrazo grandísimo!

RosaMaría dijo...

Releyendo y reriendo de tus ocurrencias y anécdotas. Un abrazo grande para los dos.