martes, 11 de diciembre de 2007

METAMORFOSIS.

Se levantó aquella mañana muy feliz, estaba eufórico, lleno de satisfacción, ¡le iban a contratar...!
Desayunó atropelladamente y corrió a las oficinas de la empresa para no llegar tarde y ser el primero en firmar.
Era un joven bien parecido, inteligente, había terminado sus estudios con notas sobresalientes y estaba lleno de ilusiones.
Esperó pacientemente en la antesala del despacho, los minutos se le hicieron eternos y los nervios no le dejaban ni hojear las revistas que estaban sobre una mesita. Cuando pronunciaron su nombre, entró decidido y seguro de si mismo.
Pasaron unos minutos, no se oyó ningún ruido, no se percibió ninguna violencia, pero al abrirse de nuevo la puerta del despacho, vestido con el traje del joven, salió un sombrío y triste número de nómina.

Pedro.M.B.

8 comentarios:

Sara dijo...

sin comentarios, asi me siento yo...
bsosssssssss

Shikilla dijo...

Buen relato, y realista en muchos casos.

Personalmente, aunque soy funcionaria, lo cual podría parecer aburrido y gris, debo decirte que sigo la máxima de Jean Paul Sartre: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace".

Así que, aunque sé que también soy un número de nómina, procuro sacarle el mayor partido posible. Será porque llevo poco tiempo en ello y a lo mejor no he visto aún el lado malo...¡quién sabe!

Un abrazo

Pedro dijo...

Todo el que trabaja, sobre todo el que trabaja en una empresa grande, representa para su patrón un simple número de nómina.
Lo importante es no sentirse uno mismo un mero número y hacerle ver a tus superiores que estás ahí y que haces de tu trabajo algo personal.
Estoy de acuerdo con Sartre, por aburrido que pueda parecer un trabajo, podemos transformarlo y crearnos un mundo personal en el que nos encontremos satisfechos.
He tenido la inmensa suerte de trabajar en algo que me gustó durante casi toda mi vida, pero cuando por motivos de salud me retiraron la licencia de vuelo y me "confinaron" en un despacho sin ventanas durante casi dos años, supe encontrar el lado positivo y aún no gustándome lo que hacía acudía a trabajar con el ánimo de pasármelo lo mejor posible.

Sara, te conozco un poco y no eres persona que se deja abatir, tienes personalidad y con eso puedes vencer lo que se te ponga por delante.
Shikilla, ya veo que tú ves el lado positivo.
Un abrazo a las dos.

Rosa dijo...

Que razón tienes. Es mejor ver siempre el lado positivo de las cosas. Nada se pierde y salimos ganando.
Un abrazo

Ana dijo...

Un día de hace bastante tiempo me di cuenta de una vez por todas y para siempre que soy alguien total y absolutamente prescindible en el trabajo que sea. Yo digo que tengo una fotocélula en la puerta que cuando salgo oyes que no sé que pasa que no me acuerdo del trabajo hasta que vuelvo a entrar y procuro cada día venir con una sonrisa y hacer de esto que ocupa tantas horas en mi vida, algo agradable, me rodea de cosas mías, música suave de fondo, alguna flor fresca y pensar que fuera hay una vida tan bonita esperándome que el trabajo no va a estropeármela. Nooooo señor, el trabajo es solo trabajo por mucho que nos guste.

Soraya dijo...

Pedro, has tocado un tema espinoso, es que la verdad ,al trabajo hay que encontrarle el gusto, sino nunca trabajaras realmente bien, y hacer algo por hacer.....es no hacerlo bien.
Muchas veces nos da dolores de cabeza y bajones de animos...pero todo pasa. A Dios gracias, cada dia es un nuevo dia, y hay que ponerle la sal al caldo.
Un beso,
Soraya

RosaMaría dijo...

Muy buen relato. Tanto trabajando para otro como haciéndolo por cuenta propia, puede uno sentirse así, todo es cuestión de enfoque, seguridad, personalidad, en fin, vuelvo al mini que me encantó.

nievesdq dijo...

Según mi particular forma de ver las cosas, lo más importante y más dificil en esta vida es tomar decisiones. Pero una vez que las hemos tomado, es importante estar convencido y vivirlas siempre de buen grado.
Trabajé 17 años de mi vida y aunque hubo momentos buenos y malos, "procuré" ser feliz y buscar el lado bueno y positivo.
Al cabo del tiempo, tomé la determinación de que podría ayudar más a mi familia renunciando a una forma de vida que me satisfacía, y nunca me arrepentí.
Procuro enseñarles a mis hijos que hay que valorar siempre todo lo que la vida nos dá, y ver siempre la parte positiva que cualquier situación nos ofrece, y que la "felicidad" hay que trabajarla día a día, porque está en nosotros mismos.
Un abrazo.