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Segunda mitad del siglo XV, Don Ginés se ha quedado viudo, su mujer Doña Petronila, ha muerto víctima de una piedra en el riñón (una piedra de quinientos kilos, que le cayó desde lo alto de una almena del castillo, aplastándole el riñón derecho, el izquierdo, un tobillo y ambas orejas...¡un completito vamos...!
Sumido en la pena, se dirige en busca de consuelo al castillo vecino, donde la condesita Sinda continúa soltera, víctima de la zafiedad de los caballeros de la época.
Comenzaba a amanecer...
Alboreaba en Castilla,
en Huston era de noche
y en Las Palmas aún llevaban
las luces puestas los coches.
Don Ginés, en su caballo,
llegó al castillo de Sinda,
que cerrado a cal y canto
de intrusos se defendía.
El puente estaba elevado
y había un cartel que decía:
"Visitas de 10 a 12
se admiten todos los días,
precios módicos de grupos
se tratarán con los guías"Don Ginés paró el caballo
y levantando la vista,
elevó un poco la voz
para ver si alguien le oía.
-¡Ah del castillo, señores,
soy yo, Ginés, el que grita,
bajad el puente elevado,
que quiero entrar de visita...!
Un guardia malhumorado,
le respondió de esta guisa:
-¿No habéis leído el cartel,
a qué viene tanta prisa...?
-¡Subid el rastrillo coño!
¡y bajad el levadizo!
¡Vengo a visitar a Sinda,
soy Ginés, vuestro vecino...!
-¡Manda huevos caballero,
qué visita tan temprana...!
-¡Es que quiero ver a Sinda,
para una cosa contarla...!
A Sinda le despertaron
sus damas de compañía,
rauda se puso una bata
de buatiné que tenía,
se colocó bien los rulos,
se calzó unas zapatillas
de franela con pompones
y se puso las lentillas.
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-¡Don Ginés, cuánta ventura
de veros en esta casa,
¡bajad del caballo, os ruego
y relatadme qué os pasa...!
-¡No me andaré por las ramas,
Sindita, amiga tan cara,
sucede que la viudez
me hiere como una espada,
me atraviesa el corazón,
con mi salud casi acaba
y vengo a pedir tu mano...
¡cásate conmigo, anda!
-¿Estás seguro Ginés,
que te duele tanto el alma...?
¿no será un dolor de muelas,
o una jaqueca, o resaca...?
¿queréis que os dé una tisana,
o un tazón de Valeriana,
o un chocolate con churros,
para empezar la mañana...?
-Sindita, cariño mio,
los remedios no me faltan,
llevo las alforjas llenas,
por si la salud me falla...
¡Yo a los palacios subí,
yo a las cabañas bajé,
yo los claustros escalé
y a todas partes llevé,
podéis decir con certeza,
una caja de aspirinas
para el dolor de cabeza...!
¡Y un paquete de tiritas,
para los cortes medianos,
que para los cortes grandes ,
se precisan cirujanos...!
¡Y una caja de laxantes
por si no puedo...¡pardiez!
y otra con un astringente,
por si me ocurre al revés...!
-¡Don Ginés, amigo mío,
permitidme este desplante,
pareceis una UVI móvil,
más que un caballero andante...!
-Nos estamos desviando
del asunto al que he venido...
¡Ven a mis brazos Sindita.
que quiero ser tu marido...!
-¡Quieto fiera! ¡dónde vas...!
¡Por quién me tomas, golfante...!
¡Nada de achuchones vanos,
los papeles por delante...!
Lo que sucedió después,
lo podéis imaginar:
Se firmaron los papeles,
la boda en la Catedral,
el banquete en el castillo y...
¡Ya no puedo contar más...!Pedro.M.B.